lunes, 18 de diciembre de 2017

A ser feliz...


A ser feliz estoy resuelto y pongo
mi empeño en esa idea decisiva
para trazar en la razón que expongo
la ruta que será definitiva.

Sepultaré la sombra de otra hora
dejaré a un lado lo que fue nocivo
y solo abrazaré lo que valora
la grata forma de sentirme vivo.

A ser feliz porque después de todo
hay algo que me alienta y me conviene
para eso entero de encontrar el modo
bonito de un amor que me sostiene.

Retando el tiempo que se asoma en canas
en cada tramo donde restan luces
con otro afán que multiplica ganas
para arrancar los clavos de mis cruces.

Rompiendo inercias que tuvieron antes
otro motivo que alteró el detalle
para volver con ritmo a los instantes
del brillo de su risa y de su calle.

A ser feliz me he decidido y pido
atar mi realidad a su argumento
a ser feliz junto a su amor cosido
a ser feliz hasta el postrer aliento.

Ernesto Cárdenas.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El trovador medieval...

Nada ha llamado tanto la atención de los historiadores modernos como  el misterio de los trovadores, que con sus himnos, sus versos y sus canciones abrieron las puertas a un idealismo diferente, en un idioma intrincado, complejo, en una manera de comunicar las cosas embrollando, enmarañando el concepto para escapar de la mirada, de los oídos ajenos a su verdadero sentido estructural y emocional, que al parecer era su invariable y concebida meta.
Y ese versar, esa forma de actuar de los trovadores entre rima y melodía sentó las bases para la expansión de la cultura, de la caballerosidad, en una época difícil en donde hasta los reyes eran analfabetos.
La trama, lo inescrutable de éstos hombres (según Gérard de Sede en su libro, “El tesoro Cátaro”) es que durante 400 años recorrieron los caminos, primero del sur de Francia y luego de Europa reiterando el mismo principio, frecuentando el mismo argumento una y otra vez.
Imaginen a cientos de poetas cantar a una dama que no tenía nombre, solo seudónimos como “La verdadera luz,” “Rosa bermeja” etc. vagar por todo el mundo antiguo con su laúd al hombro clamando por un amor imposible, detrás de una mujer jamás visualizada, como un versar para un sueño, para un símbolo o como un estertor, un dolor ante una esperanza sin mañana.
Era lo que se conocía en ese momento como el amor cortés, un amor entregado, desinteresado, que por medio del lirismo se hizo trova y hasta la misma palabra “Trova” en su etimología, significa buscar, encontrar, o simplemente expresar en tropos, en giros de palabras otra realidad detrás de lo aparente.
O sea, los trovadores medievales no eran claros, ocultaban algo en sus rimas, eran poseedores de un decir clandestino, de un mensaje solo conocido por ellos y transmitido por medio del lenguaje figurado a lo que ellos llamaban “Trobar clus” y clus en su etimología también significa cerrado, o mejor dicho poema hermético, vedado para los no entendidos.
Es largo el tema, y solo concluiré diciendo que muchos autores modernos los mezclan con los Cátaros, porque fueron contemporáneos con ellos y porque la palabra “dama” era también sospechosamente el mismo nombre que esos religiosos daban a su iglesia desaparecida por presiones del papa y por las guerras, que al parecer los exterminaron con la toma de Montségur  en las llamadas cruzadas albigenses.
Se cree que esos poetas, esos tristes trovadores eran con sus versos sacerdotes, gritos de angustia, quejas desde el fondo de sus almas por la dama, ¿la iglesia cátara?... perdida para siempre en medio de una época, donde los libros y los hombres eran pastos de las llamas cuando no aceptaban la religión católica imperante, férreamente establecida a sangre y fuego.

El trovador medieval…

Giraron el lenguaje, complicaron
la forma transmutando el pensamiento
y en esa intensidad ejecutaron
un rito más allá del argumento.

Se ataron a su magia en sus dicciones
cifraron su hermetismo a un ministerio
a un arcano confuso en sus canciones
secretas que indicaban un misterio.

Con una acción distinta en el esquema
sellado de un trovar ambivalente
mudaron el idioma a otro sistema
oscuro, retorcido y disidente.

Y así durante siglos repitieron
la misma percepción, la misma causa
sin cambios en el arte que cumplieron
detrás de una pasión sin tomar pausa.

Nadie supo el por qué de aquél empeño
cerrado sin dar luz, sin dar la llave
sin dar la conclusión a ese diseño
oculto sin el rastro de una clave.

Para ese seguimiento de un delirio
antiguo que saltó sobre lo ido
sobre una realidad, sobre un martirio
que no pudo quedar en el olvido.

Tal vez fueron la voz de esa notoria
idea para un cauce y una senda
un enigma quizás para otra historia
en tropos de un decir… a quien lo entienda.

Ernesto Cárdenas.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Hoy ya sé que estoy viejo… 12/8/2016.

Hoy ya sé que estoy viejo el ruido me molesta
y si no me entretienen me duermo en una fiesta.

Me pierdo entre la gente con mis ojos rojizos
con mis torpes maneras y mis dientes postizos.

Con mis incongruencias que repiten el cuento
que ya dije otras veces con el mismo argumento.

Hoy s
é que ya estoy
 viejo por mis complicaciones
por  mi tos, por mi artritis y por mis depresiones

Por  el Alzheimer justo, exacto en su medida
porque el mal se nos junta ya al final de la vida.

Aunque se trate en vano de no aceptar la historia
aquella que repite que no hay escapatoria.

Y más cuando notamos el paso algo más lento
y ante el menor esfuerzo perder hasta el aliento.

Hoy sé que ya estoy viejo, estoy en pleno ocaso
y cuando opino o hablo ya nadie me hace caso.

Me sientan, me regañan, controlan mi dinero
y si protesto entonces me llaman majadero.

 Me acuestan cuando quieren, me obligan a la sopa
me escogen los zapatos, mis gafas y la ropa.

Mientras de mi pasado recuerdo una ilusión
cuando en la mano entonces no estaba este bastón.

Ni torpe yo observaba a la muchacha hermosa
con mi arteriosclerosis y la vista borrosa.

Hoy sé que ya estoy  viejo el cuerpo me lo grita
Por algo que se ha muerto… y ya no resucita.

Ernesto Cárdenas
.

miércoles, 13 de septiembre de 2017


Juan Knox, el fanatismo en los extremos.

Juan Knox fue un sacerdote escoses, que se pasó a la reforma luego de conocer a George Wishart, el mismo que luego fuera quemado por órdenes de la reina María de Guisa, cuya ejecución llevó a cabo David Beaton, que más tarde fuera asesinado.
Este sacerdote tuvo que escapar varias veces por alterar el orden y perseguir con saña todo lo que fuera en contra de sus palabras, porque la virtud para él era lo que conocía, lo que decía y otro modo de virtud  ajeno a su palabra era el pecado y era lo apócrifo.
No discutió jamás su credo, se pensaba perfecto y trataba a todos con rudeza, mientras rogaba por la muerte de sus enemigos.
Quien pensara distinto era de la raza de Satán, quien no creía en su verbo tampoco podía creer en las escrituras, porque él era (así pensaba) la voz de Dios en la tierra.
Nadie llevó como este reformador más lejos la exacerbación, nadie lo superó en arrogancia, en esa tempestad de las pasiones.
Se le considera el fundador del presbiterianismo.
Cuando alguien le iba a la contraria lo atacaba, y no lo perdonaba, así vivió, así murió, llevando a los extremos su fanatismo, su intransigencia y su intolerancia.

Su vida fue la fobia y los rencores
por lo febril total de su doctrina
fue un empeño sin fin por los fervores
obtusos de un obseso que alucina.

Lo extremo en la reforma, en ese tema
de luchas por diversas opiniones
jamás tuvo piedad en ese esquema
que solo desbordaba aberraciones.

En ese tiempo donde con la imprenta
el hombre tomó un nuevo desafío
para pensar distinto sin la atenta
iglesia que impedía el albedrío.

Su alma fue la estrecha línea recta
en su altivez frontal como un cruzado
y rigidez de un credo que proyecta
la atrofia de un oscuro apostolado.

Pues fue la opacidad, lo limitado
que no aceptó otro modo que su modo
que no cambió una letra en el dictado
oscuro de su orgullo que era todo.

Mucho más que Lutero y que Calvino
y aquél Savonarola de Florencia
su verbo era la guerra, el torbellino
ajeno de piedad o de clemencia.

Severo, crudo en su actitud cerrada
tenaz en su constancia y sus visiones
sin nada de piedad en la mirada
con mucho de acidez en sus acciones.

No supo ni de luz ni simpatía
sumido en su furor hasta el exceso
para entender que existe poesía
en cada compasión y en cada beso.

Así murió  atado a su arrogancia
sin nunca renunciar a su doctrina
perenne sin variar la intolerancia
en medio del furor y de la inquina.

Ernesto Cárdenas.

viernes, 28 de julio de 2017

Y por decirlo bien...

Y por decirlo bien, bien te lo digo
sin medias tintas para ser más claro
que es privilegio compartir contigo
cosas del alma en este mundo raro.

Por esa luz de tus labores buenas
que son motivos de una acción que cierta
sabe al que sufre comprender sus penas
y dar consuelo con la mano abierta.

Porque das todo con amor sin pausas
llenando el rumbo de esperanzas gratas
haciendo el bien por diferentes causas
por mil razones que en ti son innatas.

Y por decirlo bien en ese anhelo
donde lo tierno sin cesar regalas
vas con piedades conquistando el cielo
como algo hermoso que nació con alas.

Ernesto Cárdenas.

 

miércoles, 5 de julio de 2017

Un alma de otro siglo...

Vengo de más allá, de otra memoria
que caminó en su noche lo inaudito
quizás de un sortilegio en esa historia
extraña de buscarla hasta en el grito.

Tras la emoción exacta, tras la meta
de rubricar con fiebre los fervores
de ser un terco loco, ese poeta
que descubrió en su risa los colores.

En la tarde, en el alba, en infinitos
motivos de las aves y las rosas
en las grafías de los manuscritos
y en el mensaje de las mariposas.

Vengo a retar la ausencia, a ser una
conmoción para un rito en la alborada
vengo a bruñir espejos en la luna
y a encontrar mi equilibrio en su mirada. 


Para encender los símbolos, los leños
del santo, del guerrero, del que peca

y a descifrar las voces de los sueños
que son rumor de adentro y biblioteca.

Vengo como ya dije de un latente
innato frenesí donde liberto
las ansias porque soy sencillamente
un alma de otro siglo que no ha muerto.

Ernesto Cárdenas.

sábado, 1 de julio de 2017

Pericles...

Pericles fue un político y militar ateniense, que tiene entre sus logros haber derrotado a los persas en las guerras médicas y con eso salvar a Europa, pero también fue un orador famoso en su tiempo por su palabra grave, culta y sus ideas profundas, protegió las artes y nunca su virtud ni su honradez estuvieron en dudas, fortaleció la democracia como nadie antes, pero por sobre todo eso, se le conoce por haberle dado a la ciudad de Atenas su más conocido esplendor, al construir encima de arcaicas ruinas la mayor obra de Grecia, aquello que a pesar del tiempo y el maltrato por las guerras contra los turcos, aún permanece vigente como un logro de belleza y de esfuerzos hoy difícil de superar, porque la Acrópolis es lo que más que se recuerda de Grecia, y sobre todo el Partenón, erigido por el arquitecto Calícrates y decorado por el mejor escultor de la antigüedad que no era otro que Fidias, y este Partenón es lo primero que se admira al llegar al lugar, o simplemente verlo en alguna fotografía panorámica, en fin, para no alargarme ante tanta magnificencia, mi poema.

Pericles y el proyecto fascinante
del Partenón insignia en el prodigio
al ática cambiaron el semblante
pasado por grandeza y por prestigio.

De habilidad política tremenda
benéfico en las artes que hoy se aprecia
ilustre fue genial en la estupenda
cultura inspiradora para Grecia.

Su lucha fue violenta y compasiva
para alcanzar su meta y su destino
y un alma visionaria y sensitiva
rozando sin saberlo lo divino.

Y quiso construir un monumento
pentélico, sagrado, reluciente
dejando así al morir un testamento
al mundo sin tener antecedente.

Que fuera lo notable, lo distinto
solemne para todos, (memorable)
hierático, que fuera aquel recinto
a Palas venustez inimitable.

Y comenzó la obra quijotesca
de formas en el mármol perdurable
la obra diferente, gigantesca
la obra en su ideal inmensurable.

Fue el triunfo de una raza, de un encanto
del mazo dando hechura al alabastro
fue el triunfo del esfuerzo y de ese canto
sublime en el exceso como un astro.

Lo eximio, lo agradable, lo exquisito
lo óptimo, soberbio, lo selecto
sin dudas algún trozo de infinito
robado en el afán a lo perfecto.

Era el primor a Palas Atenea
el templo construido a la hermosura
era la gracia, el cisne que aletea
y la fe desplegando arquitectura.

Una razón, tal vez una maniobra
de Fidias contemplada por Esquilo
una visión fastuosa de la obra
de magia relevante en el estilo.

Tal vez supo Pericles el futuro
o en Delfos tuvo signos verdaderos
supo alcanzar la gloria en un conjuro
supo por Zeus los frutos verdaderos.

Supo retar el miedo y los vestiglos
impávidos de fuerza en las arcanas
oscuras realidades que en los siglos
grabaron su destino en los mañanas.

Supo de luz, de vidas de otras vidas
del hombre que se eleva con sus sueños
y almas de otras almas en medidas
magníficas de brillo en los empeños.

Supo alcanzar del tiempo los convenios
altivo en su sitial para la historia
supo anidar su nombre en los milenios
supo quedar por siempre en la memoria.

Ernesto Cárdenas.