En todo ser oculto hay un misterio
al final de su gesta y su camino
un
ansia por salir del cautiverio
tras la muerte editando otro
destino.
Volver del más allá, retar el trance
del óbito que rompe con
la historia
y saltar lo postrer para otro alcance
radical que le indique
una victoria.
Una forma de extender el paso
trazando en su bregar
superlativos
otro modo que ajeno del ocaso
lo
sostenga en el mundo de los vivos.
Contra su fenecer, contra lo
adverso
contra la cesación de su existencia
a un nuevo acontecer, a otro
universo
que escapa de la lógica y la ciencia.
Porque intuye en su fe
que hay otra vida
que no acaba cruzando un paralelo
tras lo extinto y
aguarda en su medida
retornar a vivir tras de su duelo.
Porque anhela
otro tiempo tras la espera
sin su cuerpo rendir a lo extinguible
a aquello
que no entiende la manera
de encontrar una luz tras lo imposible
Por
una sensación que desafía
las leyes de lo humano y lo divino
ante una
realidad que todavía
batalla por triunfar sobre el destino.
Del mismo
que lo aparta, que le quita
el sueño, la esperanza en sus motivos
de
aquello sin pasión, que precipita
a olvidar los mejores objetivos.
En
todo ser oculto hay ilusiones
de retornar después de su deceso
para
abrigar de nuevo sensaciones
y proseguir su rumbo tras un
beso.
Ernesto Cárdenas.
domingo, 14 de mayo de 2017
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